ABUSO SEXUAL: EDUCACIÓN Y ATENCIÓN

Este artículo es tomado de la Escuela para Padres
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Abuso sexual: Educación y atención

Lo que como padres podemos y debemos hacer va en dos dimensiones.

1.Enseñar el autocuidado.

Esta línea de acción es buena pero insuficiente por sí sola.
Desde que el niño es chico, hablarle de su cuerpo. Enseñarle que es bueno, bonito e importante y por lo tanto debemos cuidarlo de distintas formas. Por ejemplo, nos bañamos para que esté limpio, nos lavamos los dientes para cuidarlos, usamos ropa limpia para vernos bien, hacemos deporte para mantenernos saludables, comemos cosas sanas, etc.

También, desde temprana edad enseñarle que su cuerpo tiene partes privadas, las que deja tapado el traje de baño, y que no hay que mostrar a otras personas ni dejar que las toquen. Por eso, tampoco dejamos que otras personas nos muestren sus partes privadas ni que las toquemos.

Es muy importante que no transmitamos que privado es sinónimo de malo, no darle connotación negativa a ninguna parte de su cuerpo.

Enseñar el nombre real de las partes íntimas del cuerpo. Que sepa reconocerlas y nombrarlas sin cargarlas de contenido que pueda avergonzarlo. Se puede aprovechar el momento del baño para hacerlo.

Decirle explícitamente que si alguna persona, por más cercana que sea a él, quiere tocar o hacerle que toque una parte íntima del cuerpo, debe negarse y recurrir a un adulto de confianza.

Enseñar al niño a distinguir los distintos tipos de caricias. Explicarle que el contacto físico cambia según el grado de cercanía que tenemos con las distintas personas. Ayudar a diferenciar quienes son las personas más cercanas (padres, hermanos, tíos, abuelos) y que tipo de contacto es apropiado con cada uno y diferenciarlo del contacto de los amigos, profesores y otras personas que lo rodean. Esto se puede apoyar gráficamente haciéndole al niño un dibujo donde él está al centro y alrededor de él hay distintos círculos y en cada uno, de más lejos a más cerca, hay distintos grupos de personas dependiendo del nivel de confianza. Dejarle muy claro que aunque sea la persona más cercana a él (abuelo, papá, hermano o primo) hay cierto contacto físico que jamás debe permitir.
2. Lo anterior debe complementarse con la creación de lazos y vínculos cercanos y protectores.
Que el niño se reconozca y se sepa querido.

Que tenga un registro de sus propias vivencias, no anularlas diciéndole lo que debe sentir o imponiéndole sensaciones desde afuera. A la larga, esto no le permitirá reconocer que algo le disgusta en ocasiones que se sienta incómodo.

Promover que el niño pueda identificar y expresar situaciones que no le gustan. Validar eso en el niño.

Mostrarle al niño que se cree y confía en él. Que si cuenta algo a sus padres, lo validen y no que duden de él. Es muy importante que si un hijo cuenta alguna situación en la que se sintió acosado o abusado, creerle aunque parezca absurdo.

Que el niño no sienta que su “verdad” vale menos que la de los adultos.

Que el niño sepa que cuenta con adultos que lo cuidan y se preocupan de su bienestar, que le ayudan a sentirse bien y que puede recurrir a ellos frente a cualquier situación que le haga sentirse mal o incómodo.
Todo esto debe ir acompañado con el ser capaz de conocer a nuestros hijos y estar alertas observando lo que van viviendo.

Riesgos y señales

Por otra parte, es importante tener ciertos antecedentes sobre la realidad del abuso sexual. En Chile, en la mayor cantidad de casos el abusador es un miembro de la familia o del círculo cercano a ella, lo que hace que sea más difícil creerlo y para el niño denunciarlo.

Es necesario comprender también, que la dinámica del abuso ocurre con un abusador que está en una situación de poder (dada por diversas variables: edad, fuerza, autoridad) y somete a la víctima que es más vulnerable. En esa dinámica es un tercero, una persona externa, quien tiene la posibilidad de ver y detener lo que está ocurriendo.

Como padres, también jugamos un rol fundamental en ser capaces de detectar situaciones que puedan estar alterando a nuestros hijos. Hay que observar ciertas conductas o situaciones que pueden dar indicios de que algo no anda bien. No existe un patrón único de comportamiento que revele que el niño está siendo abusado. Sin embargo, hay ciertas conductas que pueden ser una advertencia que algo le está pasando al menor.
Cambios abruptos en distintos patrones biológicos del niño: sueño, alimentación, control de esfínter.

Temores intensos que no existían antes y aparecen abruptamente. El niño anda más temeroso frente a alguna situación.

Comportamiento extraño con algunas personas.

Conductas sexualizadas intensas o inapropiadas para la edad, como por ejemplo, conducta masturbatoria que no cede ante la distracción del adulto.

Juego sexuales inapropiados para la edad.

Manejo de información sexual que no se espera para la edad del niño o que no tendría por qué conocer.

Irritabilidad y cambios en el estado de ánimo.
Nada de esto por sí solo es indicador de abuso, pero si vemos una serie de ellos, tenemos que abrir los ojos y pedir ayuda a un especialista y no hacernos los ciegos.

Como adultos, es nuestra responsabilidad proteger a nuestros hijos y también a otros niños. Lamentablemente nadie puede decir “esto nunca me ocurrirá a mi” y hacer vista gorda a una realidad muy cruda que día a día ocurre a nuestro alrededor. Sin embargo, ahora debemos estar más preparados y alertas que nunca para evitar, en la medida de lo posible, que cualquier niño sea víctima de un abusador.

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