REFLEXIONES PARA PADRES

Como padres tenemos una hermosa y a la vez una gran responsabilidad en la crianza de los hijos. El educar, guiar, amar y ayudar a los hijos, no es tarea fácil. El objetivo de este tema es compartir algunas reflexiones que nos ayuden a ser mejores padres de familia.

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Gibrán Jalil un poeta, filósofo y artista libanés (1883-1931), lo describió bellamente al hablar así, sobre los hijos.

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.

(Dar un click a la imagen para expandirla)
arco

Pues aunque Él ama
la flecha que vuela,
Ama de igual modo al arco estable.

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Uno de los novelistas actuales más importantes de la literatura contemporánea. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1998, nos dice:

(Dar un click a la imagen para expandirla)
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Nuestro deber y obligación es acompañarlos, respetarlos y prepararlos para la vida, veamos otra reflexión “La libreta de calificaciones”

Otra es reflexión es “Cuando los hijos crecen”

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Hay un período cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos.
Es que los niños crecen independientes de nosotros,
como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida.
Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad
que sientes que no puedes más ponerle pañales.

¿Dónde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños
con payasos y los juguetes preferidos?…

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él
o ella no sólo crezca, sino aparezca.

Allí están muchos padres al volante, esperando
que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.

Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas,
con el uniforme de su generación, e incómodas
mochilas de moda en los hombros.

Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.

Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes,
de los vientos, de las cosechas, de las noticias,
y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos.
Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.

Hay un periodo en que los padres van quedando un
poco huérfanos de los propios hijos…
Ya no los buscaremos más de las puertas de las
discotecas y de las fiestas.

Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, natación y el karate.
Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma
Respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia.

Y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías,
posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos,
no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas,
no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles.

Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas,
congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos.

Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos
de chicles y reclamos sin fin.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó
a ser un esfuerzo, un sufrimiento,
pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros amoríos.

Los padres quedaban exiliados de los hijos.
“Tenían la soledad que siempre desearon”, pero de
repente, morían de nostalgia de aquellas “pestes”.

Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y
rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar)
para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la
conquisten del modo más completo posible.

antes

El secreto es esperar… En cualquier momento nos pueden dar nietos.
El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los
propios hijos, y que no puede morir con nosotros.

Por eso, los abuelos son tan desmesurados y
distribuyen tan incontrolable cariño.

los-nietos

Un buen consejo de Jiddu Krishnamurti nos dice:

(Dar un click a la imagen para expandirla)
jiddu-sobre-los-hijos

Y también:

cuando-crecen

Y siempre agradecerle a Dios por este bello regalo que tenemos en los hijos con una oración:

oracion-2-para-hijos

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