MARTIN LUTERO (1483-1546)

EL SUEÑO DE LUTERO

Cuéntase que cierta vez Lutero soñaba que: Se hallaba en los umbrales de los tabernáculos externos. Interrogó entonces, impaciente, al ángel de la guarda que allí estaba:

Lutero -¿Están allí los protestantes?

Angel -No, aquí no se encuentra, ni siquiera un protestante.

Lutero -¿Qué me dices? ¿! Los protestantes no alcanzaron la salvación, mediante la sangre de Cristo?!

Angel -Já, le dice al respecto:
-No hay aquí protestantes.

Sorprendido, el Célebre Reformador de la Iglesia, insistió:

Lutero -¿Están aquí, entonces, católicos-romanos, los miembros de aquella Iglesia que abjuré?

Angel -Tampoco conocemos aquí los hijos de esa Iglesia; no existen aquí romanos. -Respondió serenamente el Guardián.

Lutero -Estarán…, quien sabe, ¿los partidarios de Mahoma o de Buda?

Angel -No están, ni los unos, ni los otros.

Intrigado, indagó, entonces, el iniciador del Protestantismo:

Lutero -¿Será, acaso, que el Cielo se encuentra deshabitado?

Angel -No acontece tal cosa – aclaró el ángel, agregando: son incontables los habitantes de la Casa del Padre, ocupando todas sus múltiples moradas.

Lutero -¿Dime entonces, de prisa: quienes son los que se salvan, y a qué Iglesia pertenecen en la Tierra?

Angel -A todas y a ninguna – informó, por fin, el vigilante de la entrada de las Moradas Celestes.-Aquí no se consideran las denominaciones, ni los dogmas. Los que se salvan son los que visitan a las viudas y a los huérfanos en sus aflicciones, resguardándolos de la corrupción del siglo. Los que se redimen son los que procuran perfeccionarse, corrigiendo sus defectos, renaciendo todos los días hacia una vida mejor.

Angel-Los que conquistan el Reino de los Cielos son los que aman al prójimo y renuncian al mundo, con sus fascinaciones. Son los que porfían, transitando por los caminos estrechos, poblado de espinas: los caminos del deber. Los que se purifican son los que obedecen a la voz de la conciencia, y no a los reclamos del interés. Los que merecen la Divina Gracia son los que trabajan por la causa de la justicia y de la Verdad, que es la Causa Universal, y no por el engrandecimiento de las causas regionales, de determinadas agremiaciones, con títulos y rótulos religiosos. Los que aspiran a la gloria de Dios, al bien común, a la felicidad colectiva. Los que se salvan…

Lutero -¡Basta!- Atajo Lutero. Ya comprendo todo: preciso volver a la Tierra e introducir cierta reforma.

Revista: El Espírita – Mayo/Agosto del 2000
Autor Desconocido

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