LA CEGUERA Y LA SORDERA DEL ALMA

El objetivo de este tema es tratarlo de forma metafórica, para hacer una reflexión que les  permitan comprender a estos individuos que al igual que  la ceguera y la sordera física producen una  pérdida de la orientación,  de la misma  forma la sordera y ceguera del alma producen una pérdida de la humanidad, de la bondad, de la nobleza  y de la empatía características propias del alma.
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¿Cómo pierden o venden estos individuos su alma?
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La ceguera y la sordera del alma es como una enfermedad patológica, es la incapacidad de ver el daño que se hacen a sí mismos, al dañar al otro. Son comprados fácilmente por los seres de 4D al recibir gratificaciones económicas, beneficios, favores, privilegios, puestos, trabajos, concesiones, etc.
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Y por elección propia se vuelven ciegos y sordos, de esta forma pierden los  aspectos más importantes en la  vida, escondiéndose tras el hecho de su simplicidad y su banalidad, se les modifica su percepción y se vuelven incapaces e insensibles de percibir los atributos propios del alma.
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Son incapaces de comprender la empatía, se vuelven como animales,  no entienden la espiritualidad, se les atrofia la humanidad, tienen diferentes trastornos de la percepción y del comportamiento. No es un defecto de los sentidos, sino un engaño del discernimiento a la percepción.
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Perdiendo gradualmente todo tipo de humanidad, empatía y  capacidad afectiva,  ya no les evoca nada, incluso a sus parientes más cercanos  solo los ven como medios para obtener algún beneficio.
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Por último veamos  dos poemas que nos invitan a la reflexion:
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JOHN PARKER DIMITRINSKY
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John Parker Dimitrinsky, mi perro,
no puede ver a nadie.
Por eso rompe las cartas de amor de la sirvienta,
las flores del jardín, los juguetes de Miguelito,
los poemas de Pablo, la Biblia, las patas de las mesas,
el sofá verde y los demás también.
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John Parker Dimitrinsky, mi perro,
no puede ver a nadie.
Por eso rompe los discos de María, los libros
de Cortázar, los de Borges, los de Márquez
y los demás también.
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Entonces decía que
John Parker Dimitrinsky, mi perro,
no puede ver a nadie.
Ni al caniche de al lado que es negro,
ni al canario de enfrente que es amarillo,
ni a mi guitarrista que es checoslovaco,
ni a los vecinos, ni a usted, ni a mí ni a él mismo,
porque John Parker Dimitrinsky, mi perro,
es ciego.
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Es ciego, igual que yo y usted
y los demás también.
O sino decía que al fin he comprendido
que es mía la sombra que empaña
este bendito mundo de luz, por eso ya no
confundo la luna con el dedo que la señala.

 

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LA CEGUERA DEL ALMA
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¡No es tan ciego, el que no puede ver!
Si no, el que ve…
¡pero no con el alma!,
esa ceguera….
¡es la peor, que se pueda padecer…!
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El que es ciego del alma,
¡es digno de compadecer!,
porque el ciego, de vista….

¡puede llegar a ver!

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¡Quizás no los colores…!
Pero si todo lo hermoso, que el mundo…..
¡le puede ofrecer!
El amor, la alegría, la felicidad….
y, tantas cosas más…
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Que se ven con el Alma.
¡Todas las podrá lograr!.
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El ciego del alma…
Será ciego, ¡por siempre jamás!
Verá con los ojos…
¡pero jamás verá!,
lo que puede lograr…
y, el mundo…
¡le puede llegar a dar!.
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Nunca espera nada,
simplemente, ve…
¡pero, es mucho más ciego,
que el que no puede ver!
Y no puede imaginar,
que aun teniendo ojos
¡jamás verá la realidad!!
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Chelo

 

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