CARTA DEL JEFE SEATTLE (PARTE II )

El objetivo de esta segunda parte es conocer  que todos los seres vivos, plantas y animales merecen nuestro cuidado y respeto, y nos recuerda lo sagrado de la vida de todo ser vivo. .La carta continúa diciendo:

Yo no entiendo….. nuestro modo de vida, es muy diferente al de ustedes. Tal vez sea porque el hombre piel roja es un salvaje y no entiende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ni un lugar donde escuchar cómo se abren las flores en primavera o el movimiento de las alas de los insectos.

Pero quizá también esto se deba, a que soy un salvaje que no entiende bien las cosas, el piel roja prefiere el suave sonido del viento sobre la superficie del lago, y el olor de ese viento bañado por la lluvia del mediodía impregnado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo valioso para el piel roja. Ya que todas las cosas comparten el mismo aliento. El animal, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no siente el aire que respira. Como un hombre agonizando durante muchos días, es insensible al hedor.

Si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene, el viento que dio a nuestros antepasados el primer soplo de vida, también recibió de ellos su último suspiro.

Si les vendemos nuestras tierras ustedes deberán conservarlas sagradas, como un lugar en donde hasta el hombre blanco pueda saborear el aroma del viento por las flores de las praderas. Queremos considerar su oferta de comprar nuestras tierras, si decidimos aceptarla, yo pondría una condición:

El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no entiendo otro modo de vida. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que le disparó desde el tren sin ni siquiera pararlo. Soy un salvaje y no entiendo cómo el humeante caballo de hierro pueda ser más importante que los búfalos a los que nosotros sólo matamos  para mantenernos vivos.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos los animales fuesen exterminados,  el hombre también perecería de una gran soledad de espíritu. Esto es lo que sabemos: la Tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la Tierra. Todas las cosas están unidas como la sangre une a la familia. El hombre no ha tejido la red de la vida, es solo un hilo más de ella.

Deben de enseñarle a sus hijos que la tierra que pisan son las cenizas de nuestros antepasados y lo que nuestros hijos ya saben, que la Tierra es nuestra Madre y que  todo lo que le ocurre a la Tierra le ocurrirá también a los hijos de la Tierra.

Nuestros hijos vieron como sus padres eran humillados mientras defendían su tierra.  Nuestros guerreros sintieron vergüenza por la derrota y ahora pasan sus días ociosos mientras contaminan sus cuerpos con comida y agua con gran cantidad de azúcares.

Importa poco donde pasaremos el resto de nuestros días, no son demasiados. Ni siquiera el hombre blanco cuyo dios camina con él y habla con él de amigo a amigo, quedará excluido del destino común.

Una cosa sabemos: solo hay un Dios. Ningún hombre, ya sea rojo o blanco, puede separarse. Todos somos hermanos. Nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes. Esta Tierra es preciosa para él y dañar la Tierra es acumular desprecio hacia su Creador.

Cuando el último piel roja haya desaparecido de la Tierra y su memoria sea solo la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente; porque ellos aman esta tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre.

Si les vendemos nuestra tierra, ámenla como la hemos amado. Cuídenla, como la hemos cuidado. Mantengan en sus mentes el recuerdo de la tierra tal y como se la entregamos. Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos, y ámenla como Dios nos ama a todos.

¿Qué pasará cuando todos los búfalos sean sacrificados? ¿Los caballos salvajes domesticados? ¿Qué sucederá cuando los rincones secretos del bosque estén cargados con el aroma de muchos hombres y la vista de las colinas maduras esté cubierta de cables parlantes? ¿Dónde estará el matorral? ¡Ido! ¿Dónde estará el águila? ¡Ido! Adiós a lo veloz y a la caza.  El fin de la vida y el comienzo de la supervivencia.

Noah Seathl, Jefe de la Tribu Suwamisu. SEATTLE (EE. UU.)

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