¿ELEGIMOS CON AMOR O CON MIEDO?

El objetivo de este tema es hacer una introspección sobre las decisiones que tomamos a diario y saber si elegimos hacer las cosas con amor o con miedo, los siguientes cuentos nos ayudarán en esta reflexión.

Aunque el siguiente cuento ya se mencionó anteriormente creo que es importante volver a recordarlo.

CUENTO SOBRE LOS LOBOS DE NUESTRO INTERIOR

Un anciano cherokee estaba hablándoles a sus nietos sobre la vida. Les dijo: “Hay una batalla teniendo lugar en mi interior…, es una pelea terrible entre dos lobos.

Un lobo representa el miedo, el odio, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la culpa, la autocompasión, la inferioridad, la mentira y el ego.

El otro lobo es la alegría, la paz, el amor, la bondad, la esperanza, la serenidad, la compasión, la generosidad, la amabilidad, la amistad, la humildad y la verdad.

Miró a los niños y les dijo: “Esa misma lucha está teniendo lugar en vuestro interior y en el interior de cualquier persona que viva”.

Los niños se quedaron un rato pensativos, y al fin uno de los nietos preguntó a su abuelo “¿Y cuál de los dos lobos ganará?”

Y el anciano cherokee respondió: “Ganará el lobo al que más alimentes”.

 

CUENTO EL AMOR Y EL MIEDO

Dicen que al inicio  de los tiempos sólo existían dos emociones, el amor y el miedo, que vivían en un maravilloso oasis donde tenían todo lo que necesitaban. Solían estar juntos, y Miedo se encontraba muy bien cuando estaba con  Amor.

Amor siempre quería expandirse, salir del oasis e ir más allá, conocer nuevas tierras; en cambio Miedo, ante esa idea, solía decir que mejor sería quedarse allí donde no les faltara de nada, y que fuera del oasis, seguro que había lugares y seres peligrosos que nada bueno les podían deparar.

Amor insistía en que necesitaba expandirse, que aquel oasis se le quedaba muy pequeño, mientras que Miedo prefería quedarse allí donde tenía todo cubierto.

Un día Amor decidió que se marcharía de aquel oasis, aunque fuera sin la compañía de Miedo, y así lo hizo.

Miedo se quedó solo. No le gustaba la idea de que Amor se fuera, pero prefería quedarse en la seguridad de su oasis que seguir a Amor y arriesgarse a lo que en su compañía pudiera suceder.

Hasta entonces Miedo no sabía de la existencia de más presencias por aquella zona, hasta que un día, empezó a echar mucho de menos a Amor. Lo recordaba constantemente, e incluso lamentaba no haberse ido con amor, pensaba que tal vez lo habría perdido. Miedo no tenía ganas de hacer nada, pasaba mucho tiempo tumbado y a veces lloraba. Fue entonces cuando apareció una nueva compañía por allí, se llamaba Tristeza.

Al principio a Miedo le gustó que Tristeza estuviera por allí, porque al menos no estaba solo, pero pronto se dio cuenta que por un tiempo su compañía estaba bien, pero que no le gustaba que se quedara demasiado. Entonces, empezó a quejarse. Decía que Amor había hecho mal marchándose y dejándole allí solo, que aquello no había estado bien y que Tristeza le resultaba molesta. Fue entonces cuando apareció por allí otra presencia, esta se llamaba Enfado.

Al principio a Miedo también le gustó que estuviera por allí, Enfado tenía mucha energía, le hacía moverse e incluso verse con dominio y poderoso, pero al poco tiempo Miedo se encontraba agotado.

El oasis empezó a ser un lugar menos mágico, la vegetación se empezaba a marchitar, ya no había tanta agua e incluso el sol parecía brillar menos.

Miedo, Tristeza y Enfado tenían muchos conflictos entre ellos, y se sentían tremendamente confundidos viviendo todos en el mismo oasis.

Un día Amor volvió, quería volver a ver a Miedo y saber cómo se encontraba. Tenía tantas ganas de contarle todo lo que había conocido, y hasta donde había llegado. Cómo en todas partes le habían recibido con los brazos abiertos, quería contarle que en realidad todo el mundo era un oasis, y podía tener todo lo que necesitan  aun fuera de allí. Y que el mundo de fuera no estaba lleno de peligros como creía Miedo.

Pero al llegar al oasis, Amor encontró que no estaba como lo había dejado, las plantas estaban marchitas, el sol no brillaba como antes,  se había convertido en un lugar oscuro y seco.

Allí encontró a Miedo, muy desmejorado y discutiendo con Enfado y Tristeza. Al ver a Amor se le iluminó la cara, y se fundieron en un gran abrazo que devolvió la luz al oasis y a Miedo, y sin saber cómo no volvieron a ver por allí ni a  Tristeza ni a Enfado, y Miedo se encontraba perfectamente en compañía de Amor.

Desde entonces cuentan que en esta vida solo hay dos emociones básicas, el amor y el miedo, y que el miedo crece con la falta de amor.

La Tristeza y el Enfado fueron creaciones de Miedo y cuando estas aparecen en la vida, a veces rascando mucho se puede encontrar a Miedo.

También dicen que cuando Amor volvió al oasis, por allí por donde pasó lo siguen echando de menos. Y que las personas continúan haciendo muchas de las cosas en su día a día buscando  a amor;  y conocieron a Miedo cuando pensaban que no volverían a encontrar a Amor.

En la vida como en el oasis, tenemos todo lo que necesitamos, el sol, las plantas el agua el aire, y a Amor.

En este último cuento nos habla sobre los siniestros planes de los enemigos del hombre que continuarán fracasando si usamos el único antídoto para combatirlos que es el Amor.

 

CUENTO DEL AMOR Y EL MIEDO

En una ocasión, el señor de las Tinieblas convocó en su tenebroso palacio a los más encarnizados enemigos del hombre y se dirigió a ellos de la siguiente manera:

-Llevo miles de años intentando destruir al hombre, acabar con su existencia, para ello he creado todo tipo de conflictos y guerras, pero cuando parecía que al final lograba lo que tanto anhelo, aparecía Él y evitaba que el ser humano desapareciera de este planeta. A veces aparecía disfrazado de sonrisa, otras de una mano amiga e incluso a veces de una simple palabra de consuelo y, sin embargo, a mí nunca me engañó porque siempre supe que tras los mil disfraces se ocultaba mi más temible enemigo, el Amor. Entregaré la mitad de mi reino a aquel de vosotros que me traiga el cadáver del Amor entre sus brazos.

Murmullos y aullidos se escucharon en aquel salón oscuro. De repente, uno de aquellos siniestros personajes se abrió paso a golpes entre la multitud, se postró ante el Señor de las Tinieblas y gritó:

-Gran Señor, yo soy quien te traerá el cadáver del Amor entre mis brazos, yo soy su enemigo natural, porque yo soy el Odio.

Al oír aquellas palabras, el Señor de las Tinieblas respondió entusiasmado:

-Ve, amigo mío, y haz mi sueño realidad y gozarás de la mitad de todo mi reino.

En una esquina de aquel salón, oculto tras una columna, un personaje vestido de negro y con un gran sombrero que le tapaba el rostro, esbozó una extraña sonrisa.

El Odio partió ante la envidia de muchos. Los años pasaron y el Odio regresó cabizbajo y ante el Señor de las Tinieblas manifestó su incomprensible derrota:

-No lo entiendo, gran señor, he creado desavenencias, malentendidos y todo tipo de agravios y cuando parecía que mi triunfo estaba cercano, aparecía Él, y al final todo lo suavizaba, todo lo arreglaba.

Tras el Odio fueron la Pereza, la Rutina, la Desesperanza y muchos de los peores enemigos del hombre y sin embargo, todos ellos al final fracasaron. El Señor de las Tinieblas al ver que ninguno de aquellos seres era capaz de lograr lo que él tanto anhelaba, cayó en una depresión profunda, hasta que súbitamente se abrió paso entre la multitud aquel silencioso personaje que vestía de negro y tenía un sombrero que le tapaba el rostro. Con gesto altivo se dirigió al Señor de las Tinieblas:

-Yo soy quien te traerá el cadáver del Amor entre mis brazos.

El Señor de las Tinieblas lo miró con desprecio y se dirigió a él con desagrado:

-Todos antes que tú han fracasado, y tú, a quién ni siquiera conozco, pretendes triunfar. No me importunes, estás perdido.

Aquel extraño personaje partió, pasaron los años y de repente se presentó ante el Señor de las Tinieblas con el cadáver del Amor entre sus brazos. El Señor de las Tinieblas pegó un salto y se incorporó incrédulo ante lo que contemplaban sus ojos:

-Lo has logrado, has conseguido lo imposible. tuya es la mitad de mi reino, pero, amigo mío, por favor, antes de partir dime quién eres.

Aquel personaje se quitó solemnemente su gran sombrero, y con un susurro que, sin embargo, hizo temblar a todos los presentes, dijo:

-Yo soy el Miedo.

Este cuento nos muestra que si le seguimos dándole poder al miedo estamos dándole en bandeja de oro el Amor a los enemigos del hombre. Y no olvidar que el único antídoto para combatir el miedo es el amor, cuando elegimos con amor se disminuye y se le quita poder al miedo.   Depende de nosotros lo que estamos atrayendo a nuestros vidas.

Con la emoción del miedo es habitual que nos paralicemos y que nos mostremos con nuestra peor cara, sacamos el instinto de supervivencia y actuamos mediante nuestros instintos más primitivos ya sea mediante la huida o el ataque.

Pero siempre recuerda  que cuando tengas que tomar una decisión importante piensa por un momento si la estás tomando dejándote llevar por tus miedos o por el amor.

Con el tiempo te darás cuenta de cómo las cosas que se hacen  con amor son las únicas de las que no nos hemos arrepentido, siendo las más valiosas, felices y significativas en nuestro paso por la vida.

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